Mi vida sin mí

Peliculón que ya vi hace unos años y que el otro día recordé. La he vuelto a ver y ha despertado en mí los mismos sentimientos que aquella primera vez que tuve la suerte de descubrir esta joya. Alegría, tristeza, y un optimismo desgarrador que te deja con un nudo en la garganta

Una coproducción entre España y Canadá, dirigida por Isabel Coixet y protagonizada por una JODIDAMENTE buena, Sarah Polley.

Mi vida sin mí

Ann (Sarah Polley), de 23 años, tiene una vida gris; vive con sus dos hijas pequeñas y su marido en una caravana en el patio de la casa de su madre, trabaja por la noche limpiando en una universidad y nunca ha hecho nada interesante en su triste vida. Un día comienza a sentirse mal y va al médico creyendo estar embarazada. Después de múltiples pruebas el doctor (en una dura escena) le da la noticia de que tiene un tumor que se ha extendido al estómago y al hígado. Le quedan dos meses de vida como mucho.

Ahí es cuando Ann se da cuenta de lo miserable que ha sido toda su existencia. Conoció a su marido con 17 años, se quedó embarazada y desde ese momento todo ha sido como un sueño del que acaba de despertar. Es entonces cuando escribe su lista de “cosas que hacer antes de morir” e intenta VIVIR la vida el tiempo que le queda.

Vemos a una Ann decepcionada con la vida y a la vez con unas ganas inmensas de vivir. Callando su inminente muerte a todo el mundo para no hacerlos sufrir, enamorándose de nuevo, disfrutando de las pequeñas cosas, con algún momento de rabia que te pone los pelos de punta. Todo bordado por Sarah Polley. Es la primera actuación que vi de esta pedazo de actriz, y desde luego es de las mejores que he visto nunca. Una expresividad, una voz dulce y melancólica, una mirada que lo dice todo…

Hay algunas escenas que desprenden tal emotividad que es imposible no dejar caer las lágrimas. Como cuando Ann se encierra en su coche con una grabadora y empieza a grabar mensajes para los cumpleaños, que no va a ver, de sus hijas. O cuando se desahoga con su compañera de trabajo diciéndole lo asquerosamente ordinaria que ha sido su vida, escupiéndole sus miserias. También cuando su nuevo enamorado (un gran Mark Ruffalo) empieza a hablarle de los magníficos lugares en los que ha estado y a los que la quiere llevar, sin él saber que ella nunca podrá poner un pie en ellos. Y en general los pequeños monólogos en off que escuchamos durante la película, especialmente el último.

Si bien es cierto que la película trata sobre el cómo Ann afronta la muerte, yo creo que también pone sobre la mesa cómo sólo cuando le queda tan poco tiempo para morir se da cuenta de que toda su vida ha sido un asco. Es decir, era feliz a su manera, pero una felicidad engañosa. Dejó de hacer miles de cosas llevada por su rutina y por el supuesto futuro que aún le quedaba, donde seguro pensaba le irían mejor las cosas. Solamente cuando se da cuenta de la brevedad de su tiempo con vida es cuando se decide a estrujarla.

Tengo que destacar también la banda sonora de Alfonso de Villalonga. Encaja perfectamente con cada una de las escenas y las potencian aún más si cabe.

En fin, una película que puede parecer simple a priori pero que llega al corazón y hace pensar. Imprescindible.

Ésta eres tú, con los ojos cerrados bajo la lluvia... y acabas de descubrir que toda tu vida ha sido un sueño

Ésta eres tú, con los ojos cerrados bajo la lluvia… y acabas de descubrir que toda tu vida ha sido un sueño

Nota: 8,5

Crímenes contra la humanidad

Hace un par de semanas volví a ir al cine después de mucho tiempo para ver una película española. Lamentable decisión.

Estoy hablando de Los crímenes de Oxford, una película que no parece española a nivel técnico, aunque hay un detalle que la delata: las escenas con la Watling sudando como una cerda y enseñando esas tetazas que van creciendo con cada nueva película que rueda. ¿Eran necesarias esas escenas? ¿Valen para algo? Es más, ¿qué aporta el personaje de Lenonor Watling en todo el metraje? Nada, a no ser que el fin fuera que todos babeáramos con ella. Si la idea era esa, enhorabuena Álex, objetivo conseguido (guiño, guiño).

Leonor Watling preguntándose qué carajo hace en esta película

Leonor Watling preguntándose qué carajo hace en esta película

Por otro lado está el pequeño Frodo. Menudas caras de inexpresión que tiene el colega durante gran parte de la película, y en las escenas que comparte con las tias ya es pa mear y no echar gota.

Además nos deleitan con unos diálogos aparentemente inteligentísimos entre Frodo y el profesor, con ideacas que deberían sorprendernos, cuando lo que hacen es que nos hundamos de vergüenza en la butaca. Supuestamente dos matemáticos del cagarse hablando pamplinas. Supongo que es lo que tiene bajar el nivel para que la gran masa vaya a ver la película y no se quede con cara de tonto, pero hace que no sea creíble.

En fin, casi dos horas dando vueltas para llegar a un final patético y una cara más de inexpresión interpretativa del señor Elijah Wood.

Lo único a destacar, el apartado técnico y la morena que se sentó cerca de mí a pocas butacas de distancia.

Vaya seis euros gastados más tontos.

Nota: 5