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Martín (Hache)

Un guión con personajes reales, como tú y yo, que sorprenden por su naturalidad, dureza y sinceridad dentro del film; una historia llena de sentimiento, cargada de filosofía de la vida (esos diálogos sobre sexo, drogas, las metas personales, las decepciones, la eterna búsqueda de la felicidad); desgarradoramente emotiva. Unos diálogos inteligentemente discursivos y emocionantemente reflexivos con un lenguaje claro, directo y sencillo. Todo esto con el broche de oro de un plantel de actores que erizan la piel con cada frase que sale de sus bocas.

Les dejo con dos de mis escenas favoritas:

Hay que follarse a las mentes

El placer no está en follar, es igual que con las drogas. A mí no me atrae un buen culo, un par de tetas o una polla así de gorda. Bueno… no es que no me atraigan, claro que me atraen, ¡me encantan! Pero no me seducen. Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que los mueve que vale la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar.

La mente, Hache. Yo hago el amor con las mentes. ¡Hay que follarse a las mentes!

La patria es un invento

Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país; se extraña el barrio en todo caso, pero también lo extrañás si te mudas a diez cuadras. El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país es un tarado mental, la patria es un invento. ¿Qué tengo que ver yo con un tucumano o con un salteño?. Son tan ajenos a mí como un catalán o un portugués, una estadística, un número sin cara.

Uno se siente parte de muy poca gente, tu país son tus amigos y eso sí se extraña, pero se pasa.

Resumiendo: si no lo han hecho ya, deben verla.

Nota: 8,5


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La habitación de Fermat

Es de agradecer que se intenten probar cosas nuevas en el cine español y no siempre se tire de guerra civil, putas y yonkis; pero después de ver esta película, uno se pregunta si no hubieran estado mejor los guionistas quedándose en su casa y pegándose patadas en la espinilla. Empecé a ver La habitación de Fermat sin ganas, pero la acabé con los ojos adormilados y la baba bajándome por la barbilla.

Tenemos a cuatro matemáticos que han sido capaces de resolver un enigma que alguien anónimo les han mandado por correo. Esto les da derecho a acudir a una reunión de “élite” donde se tratarán temas del copón para frikis matemáticos. Una vez en la habitación, encuentran una PDA con un enigma que deben resolver en un minuto; al no hacerlo, notan como la habitación va encogiéndose. Mientras se plantean quién ha montado todo eso y tienen diálogos más simples que el mecanismo de un botijo, se les van planteando diferentes acertijos matemáticos y si no son capaces de resolverlos en el tiempo estimado, las paredes siguen su curso, con lo que al final pueden morir aplastados.

Sí, recuerda a Cube. Pero al igual que en Cube habían cientos de habitaciones por explorar, aquí nos quedamos con la simpleza de una sola. Cientos de habitaciones contra una sola. Clara representación de película de culto contra peliculilla paupérrima que nadie recordará en un tiempo. Quizá podría salvar los muebles si no estuviera tan cogida por los pelos y los acertijos fueran algo interesantes, pero no, es más, podría resolverlos un niño de primaria. El caso más flagrante es el del principio, la dificultad del mismo es pobrísima. Además llegamos a un final con aspiraciones de sorprender y dejarte con la boca abierta, y lo consigue, pero por los bostezos que a estas alturas no puedes reprimir.

Los actores: Alejo Sauras, Elena Ballesteros, Santi Millán, Lluís Homar y un Federico Luppi testimonial. Vale, sí, correctos como mucho. Pero nada más. Los guionistas y directores son Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña. Piedrahita, hijo, dedícate al humor que al menos ahí algo de gracia tienes.

Un film que promete mucho más de lo que da, acaba decepcionando y te deja con la sensación de haber perdido el tiempo.

Vamos, una película española más.

Nota: 5