Un guión con personajes reales, como tú y yo, que sorprenden por su naturalidad, dureza y sinceridad dentro del film; una historia llena de sentimiento, cargada de filosofía de la vida (esos diálogos sobre sexo, drogas, las metas personales, las decepciones, la eterna búsqueda de la felicidad); desgarradoramente emotiva. Unos diálogos inteligentemente discursivos y emocionantemente reflexivos con un lenguaje claro, directo y sencillo. Todo esto con el broche de oro de un plantel de actores que erizan la piel con cada frase que sale de sus bocas.
Les dejo con dos de mis escenas favoritas:
Hay que follarse a las mentes
El placer no está en follar, es igual que con las drogas. A mí no me atrae un buen culo, un par de tetas o una polla así de gorda. Bueno… no es que no me atraigan, claro que me atraen, ¡me encantan! Pero no me seducen. Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que los mueve que vale la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar.
La mente, Hache. Yo hago el amor con las mentes. ¡Hay que follarse a las mentes!
La patria es un invento
Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país; se extraña el barrio en todo caso, pero también lo extrañás si te mudas a diez cuadras. El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país es un tarado mental, la patria es un invento. ¿Qué tengo que ver yo con un tucumano o con un salteño?. Son tan ajenos a mí como un catalán o un portugués, una estadística, un número sin cara.
Uno se siente parte de muy poca gente, tu país son tus amigos y eso sí se extraña, pero se pasa.
Resumiendo: si no lo han hecho ya, deben verla.
Nota: 8,5
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